APDHE en los medios

LA PRESENCIA DE CARLOS SLEPOY

Se ha cumplido un año del fallecimiento de Carlos Slepoy, incansable luchador por los derechos humanos.

Esta semana se ha cumplido un año desde que se produjo el fallecimiento de nuestro querido Carlos Slepoy, de nuestro querido Carli.

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Mujeres supervivientes de la esclavitud sexual del ejército de Guatemala lograron una sentencia histórica

Gloria López
amecopress.net

Carmen Xol Ical, una de las mujeres indígenas que fue víctima de la violencia sexual del ejército en Guatemala, está en Madrid para recibir el premio que la Asociación Pro Derechos Humanos (APDHE) ha otorgado a la Colectiva Jalok U, postulada al premio por Mujeres Transformando el Mundo y la Asociación Mujeres de Guatemala. Su marido es una de las 45.000 personas desaparecieron en toda Guatemala durante el conflicto interno. Cuando se lo llevaron, tuvo que dejar a sus ocho hijos solos porque los soldados le obligaron a trabajar para ellos –preparar las comidas, limpiar, lavar sus ropas- y también como esclava sexual, junto a 70 mujeres de su comunidad.

“No podíamos negarnos, teníamos miedo”, relata Carmen. Hoy está satisfecha por la sentencia, por todo el proceso vivido y porque cree que su lucha y la de sus compañeras tendrá efectos positivos para las generaciones venideras. Eso sí, asegura que para descansar quisiera encontrar a su marido.

Lo que ocurrió en Sepur Zarco fue común en otras comunidades indígenas. Muchas mujeres ni siquiera lograron sobrevivir a las agresiones. Y el uso de la violencia sexual es habitual como arma de guerra en todo el país y en todo el mundo. Por eso su condena es tan importante.

Lograr esta sentencia ejemplar no ha sido fácil. Carmen relata que ha sido un proceso de “sanación”, en el que han “derramado muchas lágrimas” y en el que ha sido necesario recibir apoyo. “Nos ayudó la ceremonia maya, que consiste en pedir a los grandes cerros la fuerza para acceder al camino de la justicia y la libertad; agradecíamos y comunicábamos nuestras penas a la madre tierra”. Carmen asegura también que “gracias a todas las organizaciones que nos han ayudado (principalmente por la Alianza Rompiendo el Silencio, integrada por ECAP, UNAMG y Mujeres Transformando el Mundo) podemos contar lo que nos hicieron”. Ellas perdieron el miedo; los agresores, su impunidad. 

En el proceso judicial, que comenzó en 2009, tuvieron que superar muchos obstáculos. No sabían hablar castellano y cuentan que en su lengua no lograban encontrar las palabras que les permitieran ni describir la violencia sexual que habían sufrido. Tampoco sabían ni leer ni escribir. Jennifer, una de las mediadoras de la organización Mujeres Transformando el Mundo, explica que crearon una metodología muy sencilla para explicar todo el proceso penal a estas mujeres, apoyándose en “animalitos” que estaban en su contexto: “El león era el juez, el loro el fiscal, las abejitas las organizaciones querellantes, y ellas eran las mariposas”.

Primero, en el 2010, se consiguió el primer paso y se reconoció en los tribunales la violencia sexual como crimen de guerra dentro del conflicto armado de Guatemala. En 2011 se interpuso otra demanda denunciando la esclavitud doméstica y sexual de las mujeres y las desapariciones forzosas y asesinatos de sus familias como delitos de lesa humanidad. En 2012 las víctimas declararon, comenzaron las exhumaciones y a investigarse los hechos.

Reparación para la comunidad

Después de tantos años, los hechos han sido demostrados y los culpables condenados: en total, Esteelmen y Heriberto suman una condena de 360 años y deben pagar a cada una de las víctimas 500.000 quetzal, aunque ambos se declararon insolventes quedando libres de las multas económicas.

Ante esto se pidió otra condena, y eso logró el carácter transformador que tiene este caso. Al conseguir que las condenas se reconocieran por “delitos contra la humanidad”, también se logró una reparación a toda la comunidad y se emitió una sentencia con 16 medidas para los pueblos indígenas que van desde la construcción de un hospital (hasta el momento, solo cuentan con una unidad móvil encargada de atender a más de 85 comunidades) hasta las mejoras en escuelas o becas en educación para los hijos e hijas. La reparación no solo se pide a los condenados, también al Estado, ya que es responsable al no haber intervenido para parar los delitos del ejército y porque no garantizó sus derechos.

Jennifer explica que la condena es parte de la reparación, pero que estas mujeres, cuando sucedieron los hechos, vivían en un contexto de discriminación y vulnerabilidad, habían sido despojadas de sus derechos, y también tiene que haber una reparación al respecto, por eso era importante que la sentencia incluyera medidas sociales” y aclara que estas medidas no fueron propuestas por las organizaciones o las instituciones, sino por las mujeres de Sepur Zarco. “Queremos es que estos hechos ya no se repitan nunca más”, expresa Carmen, y que “nuestras hijas y nietas tengan derecho a la salud, a la educación, a una vida libre de violencia”.

Fotos AmecoPress y cedidas por la Asociación de Mujeres de Guatemala

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Las abuelas de Sepur Zarco: supervivientes de la esclavitud sexual del ejército de Guatemala

Guatemala en 1982 estaba bajo el mandato de Ríos Montt y en pleno conflicto armado. El ejército llevaba a cabo una violencia brutal contra el pueblo pero, sobre todo, contra las comunidades indígenas. En este año fue cuando llegaron los militares en el destacamento de Sepur Zarzo a la comunidad de Maya Q’eqchí. Lo que vino después fue lo que ocurría casi comúnmente tras la llegada de los soldados: desapariciones forzosas, asesinatos, esclavitud y violencia sexual.

Esto fue lo que sufrieron durante seis años hasta 71 mujeres en la comunidad de Izabal. Perdieron a sus familias, sus pertenencias y hogares y fueron esclavas domésticas y sexuales de los militares. Sólo han sido 15 las que se han atrevido a denunciarlo en un caso que, tras 35 años, ha llegado a los tribunales. Ahora ha marcado un hecho histórico porque se condena, por primera vez en el mundo, la esclavitud sexual como crimen de guerra desde un tribunal nacional. En España las abuelas de Sepur Zarco, víctimas de esta violencia, han sido galardonadas por los premios de la Asociación Pro Derechos Humanos (APDHE) junto con Iván Aparicio de la Asociación de Recuerdo y Dignidad y Memoria Pública del diario Público.

El largo camino que han recorrido las 15 mujeres para denunciar en los tribunales ha conseguido que los crímenes sean condenados con una sentencia ejemplar para delitos de violencia sexual. El teniente Esteelmer Reyes, jefe del ejército militar, ha sido penado con 120 años de prisión y el exparamilitar Heriberto Valdez Asij, otro de los dirigentes en Sepur Zarco, a 210 años.

“No nos esperábamos nada. Vivíamos tranquilas en nuestra comunidad cuando llegó el ejército. Se llevaron a mi esposo sin que él hiciera nada, sólo trabajaba en la tierra, pero 35 años después seguimos sin saber dónde está”. Esto es parte del relato de Carmen Xol Ical, una de las mujeres indígenas que fue víctima de la violencia sexual del ejército en Guatemala. Como su marido, otras 45.000 personas desaparecieron en toda Guatemala durante el conflicto interno.

Hasta 71 mujeres fueron violadas de forma casi diaria por el ejército en el destacamento de Sepur Zarco

“Mi familia quedó totalmente destruida” – continúa -, “los soldados me obligaron a irme al destacamento militar. Me obligaron a trabajar allí y tuve que dejar a mis ocho hijos solos. Ni siquiera bajo una casa, sino bajo un techo de nylon que yo misma había construido. No podíamos oponernos a trabajar allí porque teníamos mucho miedo de las armas”.

Así, comenzó Carmen a ser “esclava doméstica” de los militares. Meses después, también comenzó a ser esclava sexual, como otras 70 mujeres de su comunidad: “Cuando no trabajábamos en el destacamento, lo hacíamos desde casa. Teníamos que preparar sus comidas comprando los alimentos con nuestro propio dinero, y después de cocinarlos los mandábamos. También teníamos que lavar sus ropas y limpiar el destacamento. Al paso de unos meses comenzamos a ser violadas, de forma casi diaria, por los militares”.

La violencia sexual en tiempos de guerra

La violencia sexual es la forma de violencia más común usada contra las mujeres, y durante tiempos de guerra llega a ser sistemática. Lo que ocurrió en Sepur Zarco, pasó en otras comunidades indígenas. Elena es otra de las sobrevivientes de violencia sexual durante el conflicto armado interno de Guatemala, violada al mismo tiempo que Carmen pero en otro lugar, en el destacamento militar de Tzalbal, en el departamento de Quiché. La primera vez que fue violada fue junto con su madre con 12 años. La madre ni siquiera sobrevivió a las agresiones.

Pero la violencia sexual como arma de guerra no es solo usual en Guatemala. Es común alrededor de todo el mundo y una de las violencias que más afectan a las mujeres que se utiliza como estrategia militar intencionada que busca aterrorizar, degradar y derrotar a toda una población.

Carmen Xol Ical, sobreviviente de esclavitud sexual / Mujeres Transformando el Mundo

Carmen Xol Ical, sobreviviente de esclavitud sexual / Mujeres Transformando el Mundo

El caso Sepur Zarco en los tribunales

“Nosotras no podíamos denunciar hace unos años porque nadie nos hacía caso. Ahora gracias a todas las organizaciones que nos han ayudado (principalmente por la Alianza Rompiendo el Silencio, integrada por ECAP, UNAMG y Mujeres Transformando el Mundo) podemos contar lo que nos hicieron”, explica Carmen. Gracias a esto, perdieron el miedo y se rompió la impunidad de la que se beneficiaba la institución militar. Aunque un supuso un reto para todas ellas: “Teníamos obstáculos por todas partes porque para los tribunales sólo era un caso de más de mujeres que no llegaría a ningún lado”, relata la abogada.

Gracias a la ayuda de varias organizaciones las víctimas perdieron el miedo, denunciaron y se ha acabado con la impunidad del ejército

Había otra barrera que impedía denunciar, la lingüística: “Ninguna de las mujeres sabían hablar castellano”, aclara Vilma Chub, una de las jóvenes que participó en la trabajo psicosocial para ayudar a las víctimas a explicar las violencias que habían sufrido. De hecho, no sabían ni leer ni escribir, y cuenta que en sus idiomas tampoco existen “unas palabras que definan la violencia sexual como sí la tenemos en castellano”, por lo que las víctimas ni aún queriendo podían explicarlo. Sólo se consiguió conocer lo que realmente había ocurrido tras mucho tiempo de trabajo.

En 2009 comenzó el proceso judicial y se comenzaron a juntar los testigos para presentar las denuncias contra el ejército y el estado. La querella se inició en el 2010 cuando se consiguió el primer paso y se reconoció en los tribunales la violencia sexual como crimen de guerra dentro del conflicto armado de Guatemala. En 2011 se interpuso otra demanda ya denunciando la esclavitud doméstica y sexual de las mujeres y las desapariciones forzosas y asesinatos de sus familias como delitos de lesa humanidad. En 2012 las víctimas declararon, comenzaron las exhumaciones y a investigarse los hechos.

El teniente coronel retirado Esteelmen Francisco Reyes Girón (d) y el exparamilitar Heriberto Valdéz Asij (i) escuchan condena ante un tribunal en Ciudad de Guatemala (Guatemala). EFE/Esteban Biba

El teniente coronel retirado Esteelmen Francisco Reyes Girón (d) y el exparamilitar Heriberto Valdéz Asij (i) escuchan condena ante un tribunal en Ciudad de Guatemala (Guatemala). EFE/Esteban Biba

Reparación para la comunidad y condena de 360 años

Después de tantos años, los hechos han sido demostrados y los culpables condenados: en total, Esteelmen y Heriberto suman una condena de 360 años y  deben pagar a cada una de las víctimas 500.000 quetzal, aunque ambos se declararon insolvente quedando libres de las multas económicas.

“Nuestra lucha es para que lo que nos ocurrió a nosotras no le ocurra a nadie más”

Ante esto se pidió otra condena, quizás la realmente más novedosa y transformadora del proceso. Al conseguir que las condenas se reconocieran por “delitos contra la humanidad”, también se consiguió una reparación a toda la comunidad y se ha emitido una sentencia con 16 medidas para los pueblos indígenas que van desde la construcción de un hospital hasta las mejoras en escuelas o becas en educación para los hijos. De hecho, no se pide la reparación sólo a los condenados, también a todo el estado al no intervenir para parar los delitos del ejército, por lo que el gobierno también es culpable.

“Lo que queremos es que estos hechos ya no se repitan nunca más. Nuestra lucha es para que lo que nos ocurrió a nosotras no le ocurra a nadie más. Por esto no nos rendimos”, explica Carmen. Las abuelas de Sepur Zarco han conseguido así una sentencia histórica y un ejemplo mundial para las víctimas de violencia sexual.

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Recuerdo y Dignidad, reconocida con el premio nacional Derechos Humanos 2017

Estos premios anuales se conceden para reconocer el trabajo de personas e instituciones que han destacado por su labor o actividad en la defensa y promoción de los Derechos Humanos, en tres categorías: nacional, internacional y periodismo.

La asociación que preside Iván Aparicio ha recibido 2.089 votos frente al ex-magistrado Carlos Jiménez Villarejo, que ha obtenido 1.213 votos.

Aparicio ha compartido este reconocimiento con todas las personas que componen y colaboran con la asociación.

La asociación Pro Derechos Humanos Española ha destacado los logros únicos que ha conseguido Recuerdo y Dignidad en su trabajo memorialista, trasladándolo al ámbito jurídico y de los derechos humanos.

“Su trabajo jurídico con éxitos en cada denuncia ante la exhumación de desaparecidos logrando abrir dos causas de las 11 que no se han archivado automáticamente en el Estado Español y la presunción en una tercera de desaparición forzada en contexto de crímenes contra la humanidad, su colaboración con organizaciones de defensa de los derechos humanos de nivel internacional (Abuelas y Madres Línea Fundadora de la Plaza de Mayo y Amnistía Internacional) y sus diez ediciones de la Semana de la Memoria Histórica y los Derechos Humanos Giulia Tamayo entre otros”, ha señalado.

elmirondesoria

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Palestina: cien años de expolio

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2017/10/19/palestina_cien_anos_expolio_70814_2003.html

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